Tomado de SEXO DIOS - Resumen capítulo Dos:
¿Por qué le cuesta tanto a la gente llevarse bien? ¿Por qué tenemos que pelear unos con otros, ir a la guerra, herirnos mutuamente, entablar demandas unos contra otros y decir cosas horribles sobre los demás?
Vivimos desconectados unos de otros, y lo sabemos. Así no debiera ser. Aún las personas que dicen no tener fe en Dios ni en ninguna clase de ser superior o poder supremo, tienen la sensación de que hay una forma correcta de hacer las cosas. Y esa forma tiene que ver con nuestra manera de relacionarnos unos con otros como seres humanos.
Fuimos creados para mantener relaciones estrechas, relaciones de amor con otros, pero estamos aislados, separados. Solos.
Sin embargo, nuestra desconexión no es solo con los demás.
LA TIERRA Y NOSOTROS
Nos hemos desconectado de la tierra. Y lo sabemos. O al menos podemos percibirlo, aun cuando no podamos ponerlo en palabras.
Se nos ha dado la responsabilidad de cuidar nuestro hogar, de ser prudentes en la administración, el orden y el manejo del mismo, pero nos encontramos en problemas. Desde los combustibles hasta el aire, desde la contaminación hasta los pantanos, descubrimos que estamos como descalzos en una playa a punto de pisar una jeringa.
¿Cuántos de los avisos publicitarios de automóviles se refieren al tema de salir de la ciudad y explorar la naturaleza? Los productores de esos comerciales entienden que nos hemos distanciado de la tierra.
Mucha gente vive en apartamentos con aire acondicionado.
Alteramos el aire que respiramos a través de maquinarias eléctricas.
Gastamos enormes sumas de dinero y mucha energía para cambiar nuestro aire. El 8% de las personas en el mundo que tenemos auto nos desplazamos en automóviles con aire acondicionado hacia escuelas, oficinas y negocios con aire acondicionado, pisos embaldosados y luces de neón.
Hasta es posible que pasemos varios días sin que pasemos un tiempo significativo al aire libre.
Y aún así llamamos a eso vida.
Fácilmente pueden írsenos semanas enteras, y hasta años, sin tocar con nuestras manos el suelo. Sin hundirlas en la tierra. Sin ensuciarlas.
Pero creemos que ese automóvil de la publicidad es lo que necesitamos, es lo que cambiará nuestra vida.
Se gastan cifras increíbles de dinero para convencernos de que un automóvil será el que nos brinde el acceso a las montañas, arroyos y desiertos a los que no tenemos acceso en este momento. Y cuando realicemos el viaje en ese coche, el de la publicidad, finalmente nos conectaremos con la tierra. Con nuestro hogar.
Podemos apreciar la desconexión que se ha producido al considerar la relación que existe entre nuestros patrones de sueño y el invento de la electricidad. Con anterioridad a la lámpara eléctrica la gente se iba a la cama al caer el sol y se levantaba cuando salía. Al inventarse la luz eléctrica, los hábitos de sueño cada vez se rigieron menos por la aparición y puesta del sol. Como resultado, la gente hoy cuenta con muchas horas de sueño nocturno que la gente de hace cien o doscientos años. Y hasta se realizan turnos de trabajo rotativo, en uno de los cuales las personas trabajan toda la noche, en las horas oscuras, y luego duermen de día, cuando ya ha aclarado. Eso afecta nuestra conexión con la naturaleza. Pese a que alguna vez el ritmo y el transcurrir de la tierra determinaban el ritmo y el transcurrir de la vida, ahora vivimos en independencia de dichas fuerzas.
No hay modo mejor de comprender lo desconectados que estamos de nuestro medio ambiente que hacernos aquella pregunta que puede develar los misterios más profundos de la vida de este planeta:
¿A dónde van a parar nuestros desechos?
Alguna vez has pensado, luego que el camión de la basura se ha llevado la bolsa con el contenido de lo que desechamos en casa ¿Espero que mi basura haya llegado a destino sin problemas?
¿Cuál es su destino? ¿Cuántos destinos existen? ¿Qué hacen con toda esa basura cuando llega a su destino? ¿La gente que vive cerca de ese destino siente el olor? ¿Existen leyes que regules cuántos sitios como esos puede tener un pueblo o ciudad?
Nosotros sencillamente no volvemos a pensar en el asunto. Sabemos que personas hábiles y altamente entrenadas se ocupan de esa tarea, así que no dedicamos ni un momento a pensar en ello.
Hasta que vamos de campamento. Y los carteles nos indican que debemos llevarnos todo lo que hemos traído. Y durante una hora o un día o una semana armonizamos con el sentir de lo que estamos haciendo al medio ambiente. Recogemos cada envoltorio, enterramos todo lo que precisa ser enterrado y esperamos hasta que el último carbón encendido se consuma. Todo eso porque no queremos pagar una multa.
Lo que por supuesto hace surgir una pregunta: ¿Habrá algún tipo de multa más alta que todos nosotros tengamos que pagar, como raza humana, por nuestras acciones? Y si fuéramos conscientes de lo que implica esa multa, ¿Nos surgiría de repente un gran interés por ese “destino”?
Pero nuestra desconexión no es solo entre unos y otros y con respecto a la tierra. Nos cuesta mantener la conexión con la tierra, la conexión unos con otros y mantenernos conectados con nosotros mismos.
Pero no siempre fue así.
AL PRINCIPIO
En el primer capítulo de Génesis, cuando Dios crea a las primeras personas, las bendice. Esto es relevante. La bendición del señor es la paz de Dios que descansa sobre la gente. La historia comienza con los seres humanos en una correcta relación (sana y vivificante) con su hacedor. Todas las otras relaciones fluyen a partir de la salud de dicha relación central entre Dios y las personas. Ellos estaban conectados entre sí y con la tierra. Desnudos, pero no les produce vergüenza.
Luego todo se viene abajo.
Eligen otro camino.
Y se desconectan.
Dios va al jardín a buscarlos, y pregunta: <<¿Dónde estás?>> los primeros seres humanos se hacen ropa con hojas de higuera, y luego se los echa del jardín.
Se desconectan el uno al otro.
Se desconectan de la tierra.
A la mujer se le dice que va a haber conflicto entre ella y el hombre. Al hombre se le dice que va a haber conflicto entre él y la tierra.
Y allí es donde aparecemos tú y yo. Nacimos en el mundo, en condición desconectada. Las cosas fueron creadas para resultar de una determinada manera, y ya no son así, y lo podemos percibir en cada fibra de nuestro ser.
¿Será por eso que lo primero que hacen los recién nacidos es llorar?
Estamos cercenados, aislados, y desconectados de mil maneras, y lo sabemos, lo sentimos, somos conscientes de ello todos los días. Es un dolor que nos llega hasta los tuétanos. Y no se va.
Así que desde temprana edad tenemos conciencia del estado de desconexión en el que hemos nacido, y ansiamos reconectarnos.
Los eruditos piensan que la palabra sexo se relaciona con la palabra latina “secare”, que significa <
Nuestra sexualidad, entonces, tiene dos dimensiones. Primero, consiste en nuestra toma de conciencia de lo profundamente cercenados, aislados y desconectados que estamos. En segundo lugar, nuestra sexualidad tiene que ver con todas las maneras en que procuramos reconectarnos.
Cuando describimos momentos en los que tenemos cercanía y contacto con la naturaleza, con animales, con otras personas, con los pobres, con los enfermos de SIDA etc. Las palabras que usamos raramente reflejan distancia. Son términos que indican cercanía y conexión y algunas veces hasta intimidad.
Momentos como esos nos movilizan porque tienen una dimensión sexual. Nos ayudan a reconectarnos. Van en contra de nuestra naturaleza caída, que tiende a ser desconectada.
Por eso la música resulta tan poderosa. ¿Has notado que cuando le preguntamos a la gente por qué una canción determinada o un concierto en particular los emociona tanto, con frecuencia recurren a explicaciones ambiguas?
Raramente recibimos una respuesta como: <
La música tiene mucha fuerza porque es sexual. Nos conecta. Señala una verdad. La experiencia que implica un hermoso concierto (en el que todos cantan juntos, levantan sus manos, creando una sensación de unidad que impregna el lugar) tiene también en si una significativa dimensión sexual. No nos conocemos unos a otros, provenimos de trasfondos a veces por completo diferentes, estamos en desacuerdo en cientos de cuestiones, pero durante esa noche nos reunimos en torno de ese artista y de esas canciones y nos llevamos bien. La experiencia nos toca muy profundamente porque establece una conexión con las cosas tal como deberían ser, y son escasos los lugares en los que podemos experimentar en gran escala aquello que Dios se propuso que fuera así.
Sea cual sea el evento, reunión o encuentro dedicado a alguna causa justa, ciertos eventos comunitarios nos llevan a algo que trasciende a ese evento. Nos sentimos conectados con la gente con la que compartimos esa experiencia, y no simplemente conectados sino conscientes de que algo mayor que todos nosotros nos roza durante el proceso.
Lo que experimentamos en esos momentos de conexión es algo para lo cual Dios nos ha creado y lleva la intención de que lo vivamos siempre. Así debieran ser las cosas.
Está escrito en la carta a los Efesios que existe <
Y en el libro de Hebreos dice que Dios es aquel <
REPENSAR NUESTRA DEFINICIÓN
Si tomamos esa comprensión de nuestro estado natural con seriedad, tenemos que repensar que es nuestra sexualidad. Para muchos, la sexualidad tiene que ver con aquello que sucede entre dos personas y que incluye un placer físico. Pero eso es apenas un pequeño porcentaje de lo que implica la sexualidad. Nuestra sexualidad se relaciona con las formas en que procuramos reconectarnos con nuestro mundo, con los demás y con Dios.
Un amigo mío ha dedicado su vida a ponerse del lado de los más olvidados y oprimidos. El tiene más de treinta años, es soltero, y habla abiertamente de su celibato. Lo que hace que su vida tenga tanta fuerza es que se trata de una persona plenamente sexual, pero que ha enfocado su sexualidad, sus <
Algunas de las personas más plenamente sexuales que conozco son célibes.
Duermen solas.
Han elegido entregarse a muchas personas, servir y dar, y conectar su vida con causas hermosas y dignas. Estos amigos me ayudan a comprender por qué el distrito rojo de Ámsterdam constituye un ámbito tan reprimido sexualmente. Si alguna vez caminas por esa parte de la ciudad en la que la prostitución es legal, te darás cuenta de que resulta un tanto chocante ver a esas mujeres en las vidrieras haciendo gestos e invitándote a entrar y tener una relación <
Lo que más impresiona es lo poco sexual que resulta todo ese sector de la ciudad. Hay cantidad de gente que mantiene <
De modo que en el barrio rojo se da una gran cantidad de interacción física pero sin conexiones. Se trata de sexo y nada más. Exactamente. Cuando se trata simplemente de sexo, es eso y nada más. Deja a la persona en medio de una desconexión profunda.
Es posible que tengas relaciones sexuales con muchos y que, sin embargo, estés solo. Y cuanto más practicas el sexo, más solo o sola te sientes.
Por otro lado, es posible dormir solo y ser célibe y, sin embargo, ser una persona muy sexual. Conectada con muchos.
También es posible estar casado con alguien, compartir la misma cama y vivir desconectado de esa persona. Es posible estar casado con alguien, compartir la misma cama y hasta mantener relaciones sexuales con regularidad y aun así sentirse profundamente desconectado.
Hay una expresión interesante dentro del movimiento de recuperación de la salud: <
Así que aunque duerman juntos, en realidad duermen solos.
LA DIMENSIÓN COMUNITARIA
Todo esto tiene enormes repercusiones en cuanto a lo que significa ser parte de la comunidad. ¨Cuántas personas conocemos que no forman parte de la iglesia, de una compañía o de la comunidad a causa del trato que recibieron?
Cuando nos lastimamos unos a otros.
Cuando murmuramos unos en contra de los otros.
Cuando somos incapaces de perdonarnos los unos a los otros.
Cuando no cumplimos con la tarea de hacer las paces unos con otros.
Nos separamos de los demás, nos aislamos, nos dividimos.
Con frecuencia encuentro gente que no forma parte de la iglesia y no quiere tener nada que ver con Dios a causa de <
Las instituciones están formadas por personas.
Las personas lastiman a las personas.
Alguien de este grupo hizo mal a alguien de ese grupo. Alguien de esa escuela o de esa oficina agravió a otro. Y no realizó luego la tarea de pedir perdón, efectuar cambios y arreglar el tema. Cuando me encuentro con alguien que ha sido injuriado por una institución, la primera pregunta que le hago es: <<¿Cuál es el nombre de la persona que lo hizo?>>
Nunca nos sanaremos hasta que identifiquemos quien lo hizo, cómo y cuando. Solo entonces podremos comenzar con el proceso de ser liberados.
La gente que cambia una relación por otra, una iglesia por otra, un grupo de amigos por otro, puede estar haciéndolo porque le resulta difícil conectarse y comprometerse. Algunas personas rehúsan a humillarse y realizar el difícil aprendizaje de perdonar y reconciliarse, de modo que cuando se topan con un bache en una relación, o cuando esta se echa a perder, simplemente la abandonan. Cambian esa relación por otra nueva.
No puedes conectarte con Dios hasta que tengas paz con respecto a la persona que eres. Si todavía estás molesto porque Dios te ha dado ese cuerpo, esa vida, esa familia, o esas circunstancias, nunca lograrás conectarte con Dios de esa manera sana, productiva y sostenible.
Estarás en desacuerdo con tu hacedor. Y si no te avienes a aceptarte tal cual eres y también aceptar la vida que tienes, nunca lograrás aceptar a los demás, ni su forma de ser, ni la vida que llevan. Y mientras no estés en paz con Dios y con aquellos que te rodean, continuarás luchando por descubrir tu función en el planeta, el papel que te toca representar dentro de la creación evolutiva del universo. Continuarás luchando, resistiéndote, y no lo lograrás.
Días atrás mi hijito de cinco años le preguntó a mi esposa: <
Ella lo pensó por un momento y luego le respondió: <
Porque todo parte de ser sexy por dentro.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada