
13/01/07| Por: Maria Elvira Samper
¿Por qué tanto “jetsetero”? La fama parece un bálsamo para la herida de la exclusión social.
TERMINADA LA TEMPORADA de vacaciones empieza la tanda de las revistas “jetseteras” y sus primicias: las fotos de “los famosos” en las festividades. “Famosos”, como sustantivo, como si ser famoso fuera una profesión o una condición per se. Porque si uno mira detenidamente quiénes son esos famosos, se da cuenta de que los recuerda no propiamente porque hayan hecho algo digno de mención, sino por haberse casado dos o tres veces, por aparecer desnudos otras tantas, por ser dueños del restaurante o la discoteca de moda o por estar siempre presentes en cocteles, fiestas, lanzamientos, frijoladas, corridas de toros, torneos de golf, exposiciones... En resumen, por nada que valga la pena, sólo porque no se pierden ni la movida de un catre.
Su mérito es estar, como los ahorradores de Davivienda, en el lugar y momento correctos, nunca en el lugar equivocado. Valga decir, donde hay fotógrafos. Son famosos porque aparecen en las fotos de las páginas sociales y en las revistas del jet set, y aparecen en las fotos porque son famosos. Los fotógrafos les dan vida y les ayudan a perpetuar esa especie de “círculo virtuoso” de la fama que, para los que tienen los valores al revés, acaba siendo más importante que la misma profesión.
Me pregunto, cuál es el atractivo de la fama, por qué muchos aspiran a ser famosos, por qué la fama de la fama, por qué esa búsqueda de fama que, no importa lo efímera que es, acaba justificando desde la maledicencia y la intromisión en la intimidad, hasta el impudor, el exhibicionismo y el ridículo. Porque para ellos lo de menos es tener buena reputación. Como dicen, lo que importa es que hablen de uno aunque sea mal.
La psicología, que sólo desde hace poco tiempo toma en serio la fama como un impulso primario de la conducta, podría dar una respuesta. Según el psicólogo Orville Gilbert Brim, autor del libro El impulso a la fama, la urgencia de alcanzar reconocimiento social se presenta en la mayoría de las personas, incluso en aquellas para quienes no es accesible o deseable, y asegura que sus raíces pueden estar en sentimientos de rechazo, descuido o abandono. Los que buscan ansiosamente fama lo hacen por el deseo de aceptación social, por encontrar algún tipo de seguridad existencial. La fama parece ser un bálsamo para la herida que deja la exclusión social.
Pero también podría explicarse por un sentido agudo de la mortalidad, pues según dice Jeffrey Greenberg, psicólogo de la Universidad de Arizona, para funcionar con seguridad, las personas necesitan sentirse protegidas de ese desafío existencial, sentir que no son sólo animales materiales destinados a morir. Buscan el reconocimiento y la valoración de los demás para sentirse especiales, para sentir alguna seguridad.
No importa la razón por la cual algunos buscan la fama, el problema es que la posibilidad de alcanzarla es tan remota para la mayoría, que no es raro que quienes se centran en metas relacionadas con lograrla, acaben siendo víctimas de una profunda frustración existencial.
Y la paradoja es que para las personas que la logran, la fama puede devolvérseles como un bumerán y devorarlas porque, según el psicólogo canadiense Mark Schaller, “los famosos son forzados a juzgarse a sí mismos a partir de ideales que otros establecen y los ideales que los demás depositan en uno son virtualmente imposibles de alcanzar”.
Esa es la trampa, esa es la perversión de la fama. Sin embargo, las personas siguen buscándola con la esperanza de alcanzarla, no importa el precio. Y pensar que, como dijo Pericles hace 26 siglos, “los hombres famosos tienen por sepulcro la tierra eterna”.
Eclesiastés 1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
MI REFLEXIÓN:
¿Esta es la misma fama por la que respiran, se esfuerzan y luchan una mayoría de “adoradores” cristianos en la postmodernidad? Precisando que todos, inequívocamente, infieren en su lenguaje que hacen lo que hacen “para la gloria de Dios”.
¿Cuál es el IDEAL de Cristo?
Luego de conocer a Cristo ¿Puede caber la idea de exclusión social?
¿Necesitamos la fama para sentirnos aceptados?
¿La fama es un valor de la cultura del Reino?
¿Cristo promovía sus giras y campañas de predicación, sanidades, milagros y señales? Ó ¿solamente hacía la voluntad del Padre, hablando y realizando aquellas cosas que en intimidad escuchaba y veía hacer al Padre?
Jua 5:19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Jua 5:20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
Jua 5:30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Jua 5:31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
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Jua 7:18 El que habla por cuenta propia busca su vanagloria; en cambio, el que busca glorificar al que lo envió es una persona íntegra y sin doblez. (VERSIÓN NVI)
Jua 7:18 El que enseña sus propias ideas está buscando honor para sí mismo. En cambio, el que busca honrar al que lo envió es honesto. No hay nada deshonesto en él. (VERSIÓN PDT)
Jua 7:18 Quien habla por su propia cuenta sólo quiere que la gente lo admire. Pero yo sólo deseo que mi Padre, que me envió, reciba el honor que le corresponde; por eso siempre digo la verdad. (VERSIÓN BLS)
Jua 7:18 El que habla por su cuenta, busca su propia gloria; pero quien busca la gloria del que lo envió, ese dice la verdad y en él no hay nada reprochable. (VERSIÓN DHH)
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1Jn 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
1Jn 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
1Jn 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
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1Jn 2:15 No quieran ustedes ser como los pecadores del mundo, ni tampoco hacer lo que ellos hacen. Quienes lo hacen, no aman a Dios el Padre.
1Jn 2:16 Las cosas que ofrece la gente del mundo no vienen de Dios, sino de los pecadores de este mundo. Y estas son las cosas que el mundo nos ofrece: los malos deseos, la ambición de tener todo lo que vemos, y el orgullo de poseer muchas riquezas.
1Jn 2:17 Pero lo malo de este mundo y de todo lo que ofrece, está por acabarse. En cambio, el que hace lo que Dios manda vive para siempre.
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Jua 5:44 ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
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Mat 6:8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
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Luc 12:29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
Luc 12:30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.
Luc 12:31 Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
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Ecl 2:1 Entonces me propuse esto: «Voy a divertirme y a probar los placeres y todo lo que es darse la gran vida», pero esto tampoco resultó tener sentido.
Ecl 2:2 Es una tontería pasarse todo el tiempo sonriendo; no hacer más que divertirse no sirve de nada.
Ecl 2:3 Así que decidí llenar mi cuerpo de vino mientras llenaba mi mente de sabiduría. Traté de hacer esa tontería porque quería ver si ese era el único bien que el ser humano puede encontrar para disfrutar en su corta vida.
Ecl 2:4 Entonces empecé a hacer grandes obras. Construí palacios, planté viñedos,
Ecl 2:5 cultivé jardines, hice parques y planté en ellos toda clase de árboles frutales.
Ecl 2:6 Me hice construir estanques de agua para regar los árboles en crecimiento.
Ecl 2:7 Compré esclavos y esclavas, y tuve esclavos nacidos en mi casa. Tenía muchas posesiones, ganado y rebaños de ovejas, más que cualquiera en toda Jerusalén.
Ecl 2:8 Junté mucha plata, oro y posesiones dignas de un rey. Los cantantes, tanto hombres como mujeres, cantaban para mí. Disfruté de lo que todo hombre puede desear, pues tuve relaciones con muchas mujeres.
Ecl 2:9 Me volví muy rico y famoso, más que cualquiera que hubiera vivido en Jerusalén antes de mí. Además la sabiduría siempre estaba allí para ayudarme.
Ecl 2:10 No me privé de nada que deseara ni me negué ningún placer. Siempre conseguí lo que deseaba porque me sentía feliz con todo trabajo que hacía. Al menos me quedó esa satisfacción.
Ecl 2:11 Pero cuando consideré todo lo que había logrado con el fruto de mis esfuerzos, me di cuenta de que nada tenía sentido, que era como agarrar el viento y que uno no gana nada con lo que hace bajo el sol.
Ecl 2:12 Luego volví a considerar la sabiduría, las estupideces y tonterías. ¿Qué más puede hacer el sucesor de un rey si no lo que ya se hizo antes?
Ecl 2:13 Vi que la sabiduría es mejor que la estupidez, así como la luz es mejor que la oscuridad.
Ecl 2:14 Un sabio usa su mente así como usa los ojos para ver por dónde va. En cambio, un tonto es como el que camina en la oscuridad. Sin embargo, también me di cuenta que el tonto y el sabio terminan de la misma forma.
Ecl 2:15 Entonces pensé: «Si el tonto termina igual que yo, ¿de qué sirve la sabiduría? ¿Qué he ganado con esforzarme tanto por ser sabio?» Me di cuenta de que eso tampoco tiene sentido.
Ecl 2:16 Tanto el sabio como el tonto van a morir y nadie se acordará de ninguno de ellos. En el futuro, la gente se olvidará de todo lo que hicieron, así que tanto el sabio como el tonto vienen a ser lo mismo”.
Ecl 2:17 Eso me hizo odiar la vida, me dio mucha tristeza pensar que nada de lo que pasa bajo el sol tiene mucho sentido. Es como tratar de atrapar el viento.
Ecl 2:18 Odié todo el trabajo que había hecho bajo el sol, pues al fin y al cabo todo eso tendría que dejárselo a mi sucesor.
Ecl 2:19 Y pensé: « ¿Quién sabe si ese va a ser un sabio o un tonto? Y será dueño de todo lo que conseguí con tanto trabajo y sabiduría. Eso tampoco tiene sentido».
Ecl 2:20 Así que me deprimí mucho al pensar en todo el trabajo que había hecho bajo el sol,
Ecl 2:21 porque uno trabaja con sabiduría, entendimiento y dedicación para finalmente dejárselo al que no trabajó para conseguirlo. Eso está muy mal y no tiene sentido.
Ecl 2:22 ¿Qué le queda al ser humano después de tanto trabajar y luchar bajo el sol?
Ecl 2:23 Toda su vida está llena de sufrimiento, frustraciones y trabajo duro. Ni siquiera de noche descansa su mente. Eso tampoco tiene sentido.
Ecl 2:24 Lo mejor que puede hacer uno es comer, beber y disfrutar del trabajo que hace. También vi que esto viene de Dios.
Ecl 2:25 Porque ¿hay alguien que haya tratado de disfrutar de la vida más de lo que yo lo he hecho?
Ecl 2:26 Además, Dios le da sabiduría, entendimiento y alegría a quien él aprueba. En cambio, al pecador Dios lo hace trabajar para que junte y acumule para luego dárselo a quien Dios aprueba. Por eso acumular riquezas tampoco tiene sentido y es como tratar de atrapar el viento.

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