Juan 1: 1-18José Rueda C
INTRODUCCIÓN
¿POR QUE NO VINISTE ANTES?
En las memorias de Hudson Taylor, primer misionero que fue a China, se cuenta el incidente que sigue: Al fin de un culto de predicación del evangelio, se levantó un chino principal y puesto de pie dijo con voz triste:
“Durante años y más años he buscado la verdad, como toda su larga vida mi pobre padre la buscó sin descanso. He viajado mucho, mucho, y he leído todos los libros de Confucio, de Buda, de Taos, y no he logrado hallar descanso. Y hoy, por lo que acabo de oír, siento que, al fin, mi espíritu puede descansar.
Desde esta noche yo soy un seguidor de Cristo.” Después, dirigiéndose al misionero, con voz solemne le preguntó lo que por años conmovió y seguirá conmoviendo a los que de veras aman a los pecadores perdidos.
— ¿Por cuánto tiempo conocéis las Buenas Nuevas en Inglaterra?
—Por centenares de años -contesta Taylor.
— ¡Cómo!... ¿Es posible? -exclamó el chino—, ¡por centenares de años!... ¿Es posible que hayáis conocido a Jesús el Salvador por tanto tiempo y hasta ahora no nos lo hayáis hecho conocer a nosotros? Mi pobre padre buscó la Verdad por muchos años... y murió sin hallarla. ¡Oh! ¿Por qué no vinisteis más pronto, por qué no vinisteis antes?
He aquí el grito de todos los que ignoran “las buenas nuevas de salud”. ¡Cuán triste es confesar que las tres cuartas partes de los creyentes en Cristo, salvos por su gracia, están callados y no dicen a los demás lo que otros les anuncian a ellos mismos: Que en Cristo hay salvación eterna ahora mismo!
(V.14)
La palabra “verbo” viene del griego “logos” => algo dicho, la palabra, el pensamiento, el tema, el motivo, la expresión Divina.
La palabra “carne” viene del griego “sárx” => cuerpo, naturaleza humana, un ser humano con todas sus debilidades y pasiones.
Esta porción de la Escritura la podemos dividir en 4 partes:
- Juan 1: 1-5 El Verbo Preexistente, el Cristo Divino
- Juan 1: 6-8 El Testimonio de Juan el Bautista
- Juan 1: 9-13 La Luz que Vino al Mundo
- Juan 1: 14-18 La Encarnación del Verbo
1) El Verbo se Hizo Carne, el Cristo Divino
Cuando Juan 1.14 declara que «el Verbo fue hecho carne», al escoger la palabra «carne» enseña en una forma muy enfática la plena identificación de Cristo con nuestra humanidad. El término «carne» sugiere nuestra debilidad como seres humanos, nuestra vulnerabilidad y aun nuestra inclinación hacia el pecado. Y esa es la naturaleza humana que el Verbo eterno quiso asumir al nacer entre nosotros. No nació con alguna naturaleza humana privilegiada, inmune a la tentación y a las angustias de nuestra vida humana, como una especie de «Súperman» o ángel divino que sólo aparentaba ser humano. Él era realmente humano, era «carne».
Su origen y naturaleza divina no lo separó de la comunidad que le rodeaba. Jesús no moraba en las nubes, en las alturas místicas ni en un monasterio espiritual de piedad individualista. «Tomó residencia en la tierra», como dijera Pablo Neruda. Su vida humana fue una constante y profunda relación con los demás seres humanos, con los que quiso compartir en lo más profundo toda la realidad de nuestra vida. En Cristo Dios quiso estar más cerca de nosotros. Jesucristo es el Dios que quiso ser nuestro vecino.
· Cristo el “Verbo” (1:14) El Padre no nos amo porque nos creó, porque nos amo por eso nos creó.
· Cristo Divino (1:2) (Rom. 1:4)
Jesús existió desde la eternidad – El no comenzó a existir en la creación del universo, ni cuando se empezó a profetizar la venida del Mesías – Jesús no comenzó a existir cuando nació a través de María – No es un ángel creado – no es un ser inferior al Padre – Jesús es el verdadero Dios, perfecto e igual al Padre en Divinidad y gloria – co-eterno con el Padre.
· Cristo es Eterno (Juan 8:58) (Juan 17:5) (1 Juan 1:2)
· Cristo es creador (Juan 1:3) (1 Cor 8:6) (Col 1:16)
· Cristo la Luz (Juan 1:9) (3:19) (8:12) La oscuridad es ausencia de luz en el mundo físico, también lo es en el mundo espiritual.
· Cristo la Vida (Juan 1:4) (5:26) En el mundo físico la vida depende de la luz…Igualmente funciona en el mundo espiritual.
2) El Testimonio de Juan el Bautista
· Isaías 40:3 ó Juan 1:6-8
· (Juan 1:15) (1:26-27) Juan, el testigo de la LUZ
· (1:20) (1:27) (1:29-30)
3) La LUZ que Vino al Mundo
· El Mundo = Incluye a todos los que creen y los que no creen
· La responsabilidad moral recae sobre aquellos que rechazan la LUZ
· La Luz de Cristo revela lo peor del pecado del hombre, y lo mejor del amor de Dios.
· (1:11) Recibir y Creer son la misma cosa para Juan, el evangelista.
· Nadie es demasiado bueno ni demasiado malo para ser salvo.
· (1:12) Esta es una alusión al nuevo nacimiento del cual Jesús habla en el Cap. 3 a Nicodemo.
· Juan 3:3 Nacer de nuevo para VER el reino de Dios.
· Juan 3:5 Nacer del agua y del Espíritu para ENTRAR en el reino de Dios.
4) La Encarnación del Verbo
· El Verbo Divino se convirtió en el Jesús humano.
Meditemos, por un instante, en el significado de la palabra «verbo» o «logos», según el griego. Es por medio de palabras que logramos situarnos en el plano de la vida para el cual fuimos creados. Somos seres llamados a la comunión con nuestros semejantes y con el Creador. Las palabras nos ofrecen la oportunidad de darnos a conocer y de que otros nos conozcan, de manera que se rompa la alienación que impone el pecado. Las palabras son el puente por el cual conseguimos acortar la distancia que nos separa a unos de otros.
¡Cuánto más poder existe, entonces, en la palabra que procede de la boca de Dios! No es como ninguna otra palabra pronunciada en el universo, pues ella procede de la fuente misma de la vida. Por esto, la vida y su palabra son una y la misma esencia. En cambio, las palabras que pronunciamos nosotros son palabras recibidas de otros. Sus palabras engendran vida porque él mismo «sostiene todas las cosas con la palabra de su poder» (Hebreos 1.3).
Esta palabra, entonces, es indispensable, pues la vida misma está contenida en ella. Sin ella los hombres estamos condenados a transitar por este mundo sin destino alguno, llevados y seducidos por todas las palabras que no son más que una pobre imitación de esta palabra. Esta palabra reprende, corrige, limpia, purifica, y orienta, pues «es viva y eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos: penetra hasta dividir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4.12).
En el comienzo de la aventura de caminar con Jesús nos resulta provechoso, entonces, adoptar como nuestra la afirmación de Simón Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6.68). Que Dios, en su bondad, nos conceda ir más allá de las palabras que contienen estas páginas para arribar a los pies de la Palabra. ¡En él está la vida que tan desesperadamente anhelamos!
· Habitó: Tabernaculizó entre nosotros, se manifestó, se hizo carne.
La encarnación es un hecho sublime y misterioso pero ¿cuál era su propósito? La breve declaración de Pablo a los corintios puede contestar esta pregunta inmediatamente: «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo» (2 Co 5.19). Es imposible comprender todo el alcance de esta declaración hasta que no se consideren los movimientos finales en la misión de Jesús, es decir, los de su pasión, resurrección y ascensión. Por medio de estas acciones Dios reconcilia al mundo en sí en Cristo. Sin embargo, nada hubiera sido posible sin la encarnación, y con ella se da el primer gran paso hacia la reconciliación entre Dios y los hombres.
Por medio de la encarnación, Dios se ha revelado de un modo nuevo a la inteligencia del hombre, de manera tal que despierte su emoción, y él así pide el sometimiento de la voluntad humana. Todo esto, sin embargo, no se podía realizar hasta que no se efectuara la obra de la encarnación. Solo por la muerte de Jesús la perfecta revelación de Dios vino a la inteligencia, pues únicamente por esa muerte podía llevarse a cabo una reconciliación. Una reconciliación que tuviera como fundamento el perdón de pecados y la comunicación de un nuevo principio de vida. Este hecho se ve con mayor claridad en las palabras del apóstol Pablo a los colosenses cuando dijo que siendo «en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora» Cristo los había «reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte» (Col 1.21, 22). De modo que la muerte de Jesús completa la obra reconciliadora, pero ese trabajo final se hace posible por medio de «su cuerpo de carne». Es decir, la encarnación es el preparativo de la expiación.
Cuando el hombre pecó, se distanció de Dios y perdió todo conocimiento y semejanza que tenía de Él. A pesar de esta realidad, permanece la capacidad e incluso la necesidad de tener a Dios, aun cuando el hombre ha perdido todo conocimiento, amor y semejanza a Él. Se ha visto, además, que la única idea que el hombre tiene de Dios es la que encuentra dentro de sí mismo; y cuando procura pensar en Dios, consciente o inconscientemente siempre ha proyectado su propia personalidad a la inmensidad. No hubiera habido ningún problema con esta acción si el hombre hubiera obedecido el ideal divino, ya que fue creado a imagen de Dios. Pero la realidad es que la sombra se volvió borrosa y la imagen se desfiguró, y en la proyección de sí mismo, el hombre ha recalcado los defectos e intensificado la ruina. Para corregir eso, Dios se encarnó y descendió al nivel del poder del hombre para comprenderlo. Le dio un hombre perfecto para que la personalidad perfecta proyectara líneas verdaderas a la inmensidad, y así revelar correctamente los hechos concernientes a sí mismo.
· (1:16) Gracia sobre Gracia: bendición sobre bendición
· No hay otra posibilidad de conocer a Dios sino por medio de Jesucristo (1Timoteo 2:5) (Juan 14:6)


